Canibal

Canibal espera contento su cena. Hace tiempo que tiene su presa en la olla, cocinándose a fuego lento.
“Calma”, se dice, el agua está aún fria.
El hambre le corroe las tripas. No hay nada que cazar por ningún lado. Sólo tierra para comer.
Espera mientras el agua se calienta, contento de poder comer.
“Pensar que no tenía que pensar tanto”, se dijo.
Sus tripas rugen.
“Cocinado sabrá mejor”, se dice. “Es carne muy vieja y seca”.
Canibal espera tranquilo, contento al ver que su presa toma temperatura.
El agua se calienta. Ve el vapor surgir alrededor de su presa.
“Sabrá bien, es carne seca”
Siente el ardor en su vientre, mientras transpira. Tiene deseos de abandonar la espera, pero se contiene.
“ya casi”.
Canibal soporta el dolor en su vientre, mientras se relame por su cena.
“Ya está a punto. Sabrá bien esta carne”.
Y cierra los ojos, pensando en el banquete. 
Se duerme esperando su cena, mientras la carne vieja y seca, la carne de Canibal, comienza a hervir en la olla.

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Corrías

Con vos hacía falta el mundo para correr de a pie, y caminar sin ansias. El universo no hubiese alcanzado para tomarte el ritmo, jueputa.
Despacio me tomé la prisa, sin apuro ni esperanza de alcanzarte.
¿Que te movía a hacerlo? ¿Quién te corría por detrás?
Como alma que lleva el diablo te vi correr por las ruinas, zigzagueando en la hondonada. No había nadie más que tu alma, y sin embargo corrías.
Me costó la vida alcanzarte, y cuando por fin estuve a tu lado me dijiste: “Muerte, estás muerta”.
Puto cabrón de mierda, si hasta me dió bronca pegarte un guadañazo.

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